Nuevos paradigmas y oportunidades, propias de la era de la información, nos invitan a renovar la orientación de los esquemas educativos y con ello a desarrollar técnicas que maximicen la transmisión del conocimiento, a través de procesos integrales, dinámicos e innovadores, es decir, a generar nuevos entornos para los procesos de enseñanza y aprendizaje.
No obstante, el lograr un cambio y la comprensión de su significado en estos nuevos escenarios así como su implementación, es una mezcla de elementos que debe procurar una modificación que afecte la cultura y las estructuras institucionales, que implica en ocasiones la reestructuración y reasignación de responsabilidades entre los actores que toman parte de él y todo ello redefinir, en su conjunto, algunos paradigmas socioculturales.
En este sentido y teniendo en cuenta que los cambios en el conocimiento y la acción son centrales para lo que entendemos por aprendizaje (Lave, 2001), no podemos obviar la complejidad, tanto en la concepción como en la práctica, del aprendizaje y la enseñanza. El primero permite adquirir habilidades, conocimientos, valores actitudes e incluso reacciones emocionales y la segunda se encuentra determinada, en alguna medida por la influencia de cada uno de estos elementos, que funcionan como un filtro en la guía de la labor y práctica educativa.
Tal y como señala Daniels, (2003) “la clave es que la unidad de estudio debe retener el significado de la actividad, es decir, que el pensamiento o más bien claridad del conocimiento se lograr a través de la interacción entre lo empírico y lo teórico, permitiendo a quien aprende establecer una relación que le permita conceptualizar, visualizar y comprender a partir también de su propia experiencia. Teniendo esto en consideración se puede afirmar entonces que el conocimiento está en constante construcción y que en virtud de nuevas experiencias y conceptualizaciones se transforma no solo desde la perspectiva del individuo, sino también como un producto social y cultural. Es acá precisamente donde se evidencia la apropiación que hacemos lo sujetos de las herramientas que acompañan los procesos de aprendizaje.
Es por ello que el paradigma sociocultural se plasma como un instrumento de guía para el desarrollo de las actividades pedagógicas en las que se integran las tecnologías digitales, en tanto permite reconocer un contexto, una cultura, un patrón de comportamiento que orienten el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, TIC, como factores educativos, que permitan incitar la creatividad, nuevas formas de aprendizaje y de conocimiento. En tanto potencie, a partir del entorno más inmediato de los sujetos, las inteligencias múltiples, las aptitudes, las competencias de cada individuo para brindar una oportunidad de crecimiento, de desarrollo y ello en tanto el concepto señalado por Lacasa (2002), “como la capacidad de utilizar los instrumentos que ofrece una cultura, inseparable y propio de los valores presentes en un grupo social”.
Las tecnologías se presentan como un medio, más no como un fin. Es necesario para su comprensión y utilización conceptualizar su relación con las personas y el mundo social, es necesario considerar cual es su capacidad de abrir un abanico de opciones para cada cual, con el fin de no caer en determinismos tecnológicos que agoten su capacidad en mera tenencia o uso superficial. Es indispensable replantear las funciones y tareas del educador, del estudiante y de las instituciones educativas, pero no en función de las nuevas tecnologías si no en capacidad de acción frente a estos nuevos escenarios. En la actualidad, podemos señalar que el surgimiento de los diferentes modelos de aprendizaje y construcción de conocimiento, obedece a precisamente al empoderamiento que hemos logrado desarrollar a través de la experiencia que surge de los procesos educativos y la demanda que plantea la dinámica actual para definir de nuevos esquemas y paradigmas de conceptualización sobre lo que conocemos. El resultado se genera de la experiencia propia y/o compartida, como es el caso de la enseñanza virtual en donde el compromiso radica esencialmente en la disciplina y responsabilidad de cada uno para potenciar los recursos, las relaciones y las herramientas que puedan enriquecer esta experiencia.
El entorno y nuestra historia nos definen, no obstante el uso de los elementos y el aprovechamiento de estos para enriquecer nuestra existencia dependerá en gran medida de la guía que se nos pueda brindar para aprender a potenciar el uso de cualquier recurso que nos acerque al conocimiento. Algo que para Vigotsky sin duda alguna estaba claro “el aprendizaje no es una construcción individual, sino que fundamentalmente se trata de un producto de la participación social vinculado al uso de herramientas culturales”, Fernández, (2009).
Siempre habrá nuevas herramientas, la rueda, el transporte, la electricidad, hoy, las TIC, y seguramente en el futuro y quizás no muy lejano muchas más, pero esas herramientas no serán más que instrumentos inertes, sin el valor agregado de la humanidad, es por ello que la constante innovación lleva impregnado en los sujetos esa constante búsqueda de conocimiento e incita a descubrir en cada acción algo novedoso, creativo, distinto y transformado de lo que hemos realizado.
La era digital se presenta como un reto para acortar diferencias y llevar todo el potencial del conocimiento al servicio de la sociedad. Los cambios que propiciemos a través de la educación podrán garantizar un primer gran esfuerzo por lograr que se concreten en una realidad.
Finalmente, es el criterio del educador, así como su experiencia, motivación y entorno, lo que podrá potenciar las herramientas tecnológicas en beneficio de los procesos educativos. Sin duda alguna la conclusión general es que aún cuando la teoría nos explica muchos de los factores claves e importantes debemos analizarla en función de su utilidad y en un paradigma de cambio como el que vivimos en la actualidad. Como bien señala Alanis, (2007) pronosticar el futuro requiere anotar lo que ha cambiado y lo que ha permanecido constante, ahora el principal desafío que se visualiza en este escenario es de establecer prioridades, lineamientos y estrategias de largo plazo que consoliden el camino andado y permitan mejorar las acciones desarrolladas, aún cuando su futuro sea incierto.
Referencias
Alanís González, M. (2007). ¿Hacia dónde nos dirigimos? Evolución de la tecnología y sus efectos en las organizaciones. En A. Lozano Rodríaguez, & J. V. Burgos Aguilar, Tecnología Educativa en un Modelo de Educación a Distancia Centrado en la Persona (págs. 107-123). México: Limusa.
Daniels, H. (2003). Vygotsky y la Pedagogía. Barcelona: Paidós.
Fernández-Cárdenas, J. M. (2009a). Las tecnologías de la información y la comunicación desde la perspectiva de la psicología de la educación. (J. Arévalo Zamudio, & G. Rodríguez Blanco, Edits.) México, Distrito Federal, México: Secretaría de Educación Pública/Dirección General de Materiales Educativos
Lacasa, P. (2002). Cultura y Desarrollo. En P. Herranz Ibarra, & P. Sierra García, Cultura y Desarrollo (págs. 17-50). Madrid: UNED.
Lave, Jean. (2001) Estudiar las prácticas. Perspectivas sobre actividad y contexto. Amorrotu